Los castrati

Carlo-Broschi-Farinelli

Castrato es la denominación que se utiliza para referirse al cantante sometido de niño a una castración para conservar su voz aguda. El término tradicional español referido a estos cantantes era capón. Actualmente se emplea la voz italiana.

La castración consistía en la destrucción o ablación del tejido testicular sin que, por lo general, se llegara a cortar el pene. Mediante esta intervención traumática, se conseguía que los niños que ya habían demostrado tener especiales dotes para el canto mantuvieran, de adultos, una tesitura aguda capaz de interpretar voces características de papeles femeninos.

La práctica de la castración de niños cantores existía desde la creación del Imperio Romano de Oriente; en Constantinopla hacia el 400 d.C., la emperatriz romana consorte de Oriente Elia Eudoxia tenía un coro cuyo maestro era un eunuco, lo que podría haber dado lugar al establecimiento de la creación y uso de castrati en coros bizantinos. Hacia el siglo IX, los cantores eunucos eran bien conocidos, y así permanecieron hasta el saqueo de Constantinopla por las fuerzas occidentales de la Cuarta Cruzada en 1204, a partir de entonces, la práctica de cantores eunucos desapareció.

Su destino desde entonces hasta su reaparición en Italia después de trescientos años no está claro. Parece probable que la tradición española de los sopranos falsetistas puede haber ocultado a los castrati. Gran parte de España estaba bajo gobierno musulmán durante la Edad Media, y en la tradición cultural del Cercano Oriente la castración tenía una larga historia. Típicamente, los eunucos eran empleados como “guardias” del harén, pero fueron también valorados como políticos de alto nivel, ya que no podían iniciar una dinastía que pusiera en peligro al gobierno.

Los castrati tuvieron una gran popularidad y llegaron a cobrar enormes cantidades de dinero por sus actuaciones.

Algunas objeciones modernas a la existencia de castrati en Europa podrían centrarse en los medios por los cuales la preparación de los futuros cantantes podría conducir a una muerte prematura. Para evitar que el niño experimenta el dolor intenso de la castración, a muchos se les administraba inadvertidamente dosis letales de opio o de algún otro narcótico, o morían por estrangulamiento, al presionarles la arteria carótida en el cuello con la intención de hacerlos caer inconscientes durante el procedimiento de castración.

La formación de los castrati era rigurosa. El régimen de una escuela de canto en Roma (hacia 1700) consistía en una hora de cantar piezas difíciles e incómodas, una hora practicando trinos, una hora en ejercicio adornado passaggi, una hora de ejercicios de canto en presencia de su maestro y delante de un espejo a fin de evitar movimientos innecesarios del cuerpo o muecas faciales, y una hora de estudio literario, todo ello, además, antes del almuerzo. Después de media hora, se dedicaba a la teoría musical, otra a la escritura de contrapunto, una hora copiando lo mismo al dictado, y otra hora de estudio literario. Durante el resto del día, los jóvenes castrati tenían que encontrar tiempo para practicar su juego clave, y para componer música vocal, ya sea sacra o secular dependiendo de su inclinación.

En las décadas de 1720 y 1730, en el apogeo de la moda de estas voces, se ha estimado que más de 4.000 niños fueron castrados anualmente al servicio del arte. Muchos provenían de hogares pobres y fueron castrados por sus padres con la esperanza de que su hijo pudiera tener éxito y sacarles de la pobreza. Hay, registros de algunos jóvenes que solicitaron voluntariamente ser operados para preservar su voz.

Los castrati aunaban en su voz la ternura de un niño y la potencia y fuerza de un adulto. Fueron voces muy codiciadas y aplaudidas. Uno de los más famosos castrati fue Carlo Broschi, Farinelli, al cual pertenece la foto que he puesto al principio.

En el siglo XIX, los cambios en los gustos operísticos y las actitudes sociales significaron el final de los castrati. El último gran castrato fue Giovanni Battista Velluti (1781-1861), quien realizó la última función de ópera escrita por un castrato (Venecia, 1824). Poco después fueron reemplazados definitivamente como los primeros hombres de la escena operística por un nuevo grupo de tenores, el primero de ellos el francés Gilbert-Louis Duprez. Sus sucesores han incluido cantantes como Enrico Caruso, Giovanni Martinelli, Beniamino Gigli, Franco Corelli o Luciano Pavarotti, entre otros.

Después de la unificación de Italia en 1861, la castración con fines musicales se hizo oficialmente ilegal. En 1878, el Papa León XIII prohibió la contratación de nuevos castrati por parte de la iglesia: sólo en la Capilla Sixtina y en algunas otras basílicas papales de Roma se permitió a los castrati quedarse. Una foto del coro de la Capilla Sixtina tomada en 1898 muestra que para entonces solo quedaban seis (además del Perpetuo Direttore, Domenico Mustafa), y en 1902 una sentencia del Papa León estableció que ningún castrato más sería admitido. El fin oficial de los castrati llegó el día de Santa Cecilia, 22 de noviembre de 1903, cuando el nuevo Papa, Pío X, emitió un motu proprio, titulado Tra le Sollecitudini, en el que establecía el uso de niños en los papeles empleados para los castrati.

El último castrato sixtino fue Alessandro Moreschi, el único castrato en realizar grabaciones en solitario. Se retiró oficialmente en marzo de 1913, y murió en 1922.

Sobre Farinelli (Riccardo Broschi) se hizo en el año 1994 una película en la que la voz de Dionisi interpretando a Farinelli, fue obtenida mediante la mezcla digital de las voces de Ewa Malas-Godlewska, una soprano de origen polaco, y Derek Lee Ragin un contratenor estadounidense, con el objetivo de recrear una voz auténtica de castrato.

Aquí os dejo un fragmento de esta película, que no creo que sea demasiado fiel a la realidad pero que no deja de ser interesante, espero que os guste: